lunes, 3 de diciembre de 2007

3 de diciembre, circa 8:3º horas

Me gustaría, algún día, poder hacerlo al revés: volver desde Retiro en esta hora atestada.
Me pregunto cómo será alguien que espera el tren en Belgrano pensando en llegar a Tigre o San Fernando. No sé si por el contraste con mi situación de observador (aplastado en algún lugar de este tren que discurre hacia Retiro) pero el aspecto de ese hombre, fumando tranquilo en la estación mientras espera el tren a Tigre, me parece de una paz casi monacal.
Pantalón claro pinzado, chomba amarilla, zapatos también de tono claro; una vestimenta en la que ya se lee la distensión, su paz de obligaciones no demasiado apremiantes. Quizás por el influjo de su vestimenta (y, otra vez, del contraste con mi obligada corbata), creo atisbar en la distancia unos ojos apacibles, una mirada plácida, enmarcada entre la barba entrecana y la calvicie incipiente.
Pero seguramente mi impresión sea fruto de la eterna insatisfacción del ser humano. Aunque, igualmente, me gustaría que Belgrano no sea (como lo es hoy) la antesala de la ciudad que ocupa casi todo el día de mis días; la prefiguración de que el trabajo tiene que empezar. Me gustaría que fuera un lugar de espera de un tren tranquilo; un tren que, somnoliento, se aleje de la ciudad buscando el río. Y me lleve.

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