Mas bien petiso, cara angulosa. Vestido con descuido, casi de casualidad; oficinista por azar.
Saco azul gastado, pantalón gris, camisa blanca seguramente de mala calidad (¿tendrá bolsillos?), sin corbata. Un viejo portafolio azul con la inscripción "Microsoft" (pero no parece un informático). Pelo corto, algunas canas.
Nada trascendente. Salvo porque está parado de cara a la puerta (no a la que se abrirá en la estación, a la de enfrente) y apoya las puntas de los dedos contra el vidrio. Presiona, empuja, apuntala todo su cuerpo (flaco, esmirriado) contra las yemas de los dedos.
Mira; ávido. No intenta seguir con los ojos los objetos que pasan. Tan solo mira, fijo, el "afuera".
Parece ansiar ese afuera, ese lugar donde las cosas viven, tienen movimiento (corren escapándose de los trenes). Una única mirada anhelosa que, junto con esa presión de los dedos, parecen insinuar una esperanza de fuga, de sustraerse de este vagón inmóvil, impertérrito ante el afuera que escapa.
Lo veo: no soporta esta quietud bamboleante del tren.
En Belgrano no lo resiste mas (al menos, eso parece), se da vuelta y sale por la puerta que se abre; hacia el afuera, hacia la vida en movimiento.
Y a mí todavía me quedan mas de media docena de estaciones...
Saco azul gastado, pantalón gris, camisa blanca seguramente de mala calidad (¿tendrá bolsillos?), sin corbata. Un viejo portafolio azul con la inscripción "Microsoft" (pero no parece un informático). Pelo corto, algunas canas.
Nada trascendente. Salvo porque está parado de cara a la puerta (no a la que se abrirá en la estación, a la de enfrente) y apoya las puntas de los dedos contra el vidrio. Presiona, empuja, apuntala todo su cuerpo (flaco, esmirriado) contra las yemas de los dedos.
Mira; ávido. No intenta seguir con los ojos los objetos que pasan. Tan solo mira, fijo, el "afuera".
Parece ansiar ese afuera, ese lugar donde las cosas viven, tienen movimiento (corren escapándose de los trenes). Una única mirada anhelosa que, junto con esa presión de los dedos, parecen insinuar una esperanza de fuga, de sustraerse de este vagón inmóvil, impertérrito ante el afuera que escapa.
Lo veo: no soporta esta quietud bamboleante del tren.
En Belgrano no lo resiste mas (al menos, eso parece), se da vuelta y sale por la puerta que se abre; hacia el afuera, hacia la vida en movimiento.
Y a mí todavía me quedan mas de media docena de estaciones...
Toco el cristal con los dedos.

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